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Hernán
BonillaPresidente y fundador
Libertad para todos
21/07/2026
La discusión sobre las modificaciones a las transferencias sociales que plantea la rendición de cuentas ha tenido un coletazo interesante. Quienes generalmente defienden el estatismo han argumentado en favor de transferencias sin condicionamientos, argumentando que cada persona sabe mejor que cualquier burócrata como utilizar esos recursos en beneficio de su familia. Curiosamente, es un argumento central en favor de la libertad económica. Dejando de lado dictaduras políticas y economías centralmente planificadas, los países suelen tener una combinación de algún tipo de economía de mercado con intervención estatal. En algunos la presencia y el peso del Estado es mayor que en otros, algunos son más abierto y otros más cerrados, en algunos existen escasas limitaciones a la iniciativa individual y en otros muchas, pero es una cuestión de grises antes que blancos o negros. El principal fundamento de una economía de mercado es que permite que cada persona tome decisiones basada en su conocimiento particular de su situación, sus preferencias y sus limitaciones. El mercado a través de los precios coordina estas decisiones de forma que permite la competencia que mejora le prestación de bienes y servicios y la cooperación social que ha hecho posible la vida en sociedades complejas. Una sociedad contemporánea que funciona en base a una economía de mercado y que ha logrado un nivel de vida inimaginable hace tan sólo un siglo sencillamente colapsaría si pasara a funcionar de un día para el otro de forma centralmente planificada. La superioridad de la economía de mercado competitiva (no la amañada a través de los favores del Estado que genera prebendas) no es tan sólo una cuestión teórica, tiene una sólida evidencia histórica respaldada por todos los índices que miden libertad económica y condiciones de vida: los países que tienen mayor libertad económica son más ricos, tienen menor nivel de pobreza, mejores condiciones sanitarias, más expectativa de vida, mejores indicadores educativos, entre otros aspectos claramente positivos. Más allá de que todo esto está suficientemente claro, la libertad económica suele despertar un rechazo importante en amplios sectores con argumentos contra el “capitalismo salvaje” o el “egoísmo”, aunque poco o nada tengan que ver con la discusión. Ni hablemos de cuando se saca a relucir el espantapájaros del “neoliberalismo”, un esperpento que nadie ha sabido definir y una especie, el neoliberal, que nadie ha visto nunca caminar por nuestro planeta. Los argumentos que muchas personas han dado en las últimas dos semanas para defender que cada persona debe ser libre de gastar una transferencia social como le plazca porque es quien mejor conoce su condición más aún debe aplicarse para el funcionamiento de la economía en su conjunto. Esta discusión, inesperadamente, ha abierto la esperanza de que podamos comprender, con los mismos argumentos, que es mejor una sociedad con menos gasto público, menos impuestos, menor regulaciones y mayor apertura para que todos seamos más libres y podamos tomar nuestras propias decisiones con menor coerción de que sufrimos hoy en día. Lo que aplica para las transferencias sociales aplica también -y con más razón- para los recursos que genera cada persona con su propio esfuerzo.